“No
es un trabajo fácil éste, te digo. Ni tiempo me da de descansar, a veces siento
que los pies me matan, me duele la espalda y las manos me arden. Ni bien termino
de hacer un trabajo cuando ya me están llamando para hacer otro y luego otro”.
“¿Y
tú a qué te dedicas? Bueno, realmente no me interesa. Sinceramente lo mío es
agradable, bien pesado, pero me parece agradable. Aunque si hay momentos en que
quisiera que alguien más lo hiciera”.
“Entenderás
que siempre tengo frío, por la naturaleza de esto. Y aunque la oscuridad me
gusta, hay veces en que quisiera que fuera de otra manera. ¡Pero qué caray!”.
“Déjame
decirte que he andado por todo el mundo, ya te digo que siempre me traen del
tingo al tango. Pero es impresionante la de cosas que uno aprende al toparse
con tanta y tanta gente. Y la de gente que me ha tocado ver, imagínate”.
“Esos
ojitos absortos como de borreguito que tienes, no es la primera vez que los
veo, figúrate. No te ofendas, pero por mis manos han pasado bellezas más
despampanantes que la tuya, aunque también me ha tocado cada adefesio que pa’
qué te cuento. ¡Vamos, ríete al menos!”.
“La
gente va por ahí como robots, apurados y hasta bufando, tanto que no se
detienen un segundo a mirar el cielo, las nubes, las estrellas. Eso es siempre.
También hay muchos que salen de casa, despidiéndose con el ceño fruncido, sin
darle un beso a sus hijos o un abrazo a sus padres. Sabes algo, una vez alguien
me dijo que hay que abrazar y querer a las personas cuando la carne aún está
caliente, las flores no sirven de nada en una tumba. Y es bien cierto, ya lo
verás”.
“Es
sorprendente ver cómo la gente se ha vuelto insensible. En verdad, hace tanto
que no veo una sonrisa sincera, como esa que las madres prodigan a sus hijos,
recién han salido de sus entrañas. Al contrario, más y más común se hace
escuchar gritos y ofensas”.
“Te
digo, la gente cada vez está peor. ¿Has visto a esos que amasan grandes
fortunas haciendo tranzas, matando, vendiendo drogas? Construyen grandes
imperios, viven vidas muy alocadas para tratar de disfrutar, pero no lo hacen.
Se rodean de gente que hace lo que quieren porque les teme, pero que esperan el
más mínimo descuido para ponerles en su madre y quedarse con todo. Un asqueroso
círculo vicioso. ¿Y qué se llevan? ¡Nada! Todos chillan igual al final”.
“Hay
que ver lo que la gente le hace a su mundo, creen que el agua es eterna, tiran
los árboles para hacer edificios suntuosos, matan animales solo por diversión.
¡La Tierra también se queja! No vaya siendo cierto lo que decían los mayas y
eso me va a dar mucha risa”.
“¡Pero
soy yo el malo!”
“Un
día un cliente me preguntaba por qué hago lo que hago. Simplemente así debe
ser, no hay ninguna razón más lógica, no hay otra cosa que sepa yo hacer.
Además piensa, ¿quién querrá hacer mi trabajo? Hay un buen de gente por ahí que
quiere jugar a hacer lo que yo hago, no lo hacen como debe ser y nada más me
hacen trabajar más y al fin, después de todo todos pasan por aquí”.
“¡Pero
quita ya esa cara! Mira que tanta atención no le pongo a todos. En días como hoy
me siento cansado, quisiera que alguien más se encargara de esto, pero como ya
te dije, nadie más lo hará”.
“¿Por
qué tengo que morir? Me decía una viejita, ya bien vivida te digo. No supe qué
contestar. Se que a nadie le gusta, que todos quisieran un día más, pero es
como tiene que ser, sino ¡imagínate cuánto hijo de puta andaría ahí por el
mundo haciendo chingaderas!”
“Se
que hay gente buena como tú, que bien podría seguir. Pero yo no lo decido. Esta
esfera negra que ves en mi mano izquierda me señala a dónde, y yo solo voy. A
pesar de estar bajo el agua se que lloras, puedo sentir la sal de tus lágrimas,
créeme que me conmueves, pero no puedo hacer más. Hasta las expertas nadadoras
jóvenes como tú, se van”.
“La
gente escribe canciones, hace poemas, se ríen, se burlan. Algunos también me
hacen reír a mi. Muchos reclaman, pocos son los que lo aceptan con
tranquilidad, con respeto. Jamás me he sentido bienvenido”.
“Todos
ponen esa cara, esa misma que tienes tú, cuando me ven llegar. Si me ven,
todos. No me acerqué tanto a ti, porque quería platicar un poquito antes de
irnos, quejarme, aunque de nada sirva, aunque en verdad no quiero dejar de
hacer lo que hago. Descansar tal vez, porque las almas pesan como no tienes una
idea”.
“Parece
mucho el tiempo que hemos platicado, pero es apenas un suspiro, hace un
instante tu corazón se detuvo. No me preguntes cómo ni por qué, porque no lo
hice yo, yo solo te cargo y te llevo al otro lado del velo”.
“¿No
te digo? La esfera otra vez. ¡Anda guapa, tómate de mi mano porque ya nos
vamos! Te digo que el trabajo no termina, tal vez pronto termine, pero por lo
pronto a seguir. ¡Anda!”