Ella es una chica fresa, de poses y
sonrisitas, más que inocentes tontas. La verdad es que no es muy bonita, su
atractivo se traslada a su trasero, un muy bien formado trasero.
Por la separación de sus papás, tuvo que
cambiarse de casa, y diariamente la chavita fresa tenía que mezclarse con la
pelusa de la línea 3 del metro, para ir a la universidad.
Las horas pico en el metro son como un sauna,
la gente se hacina, a tal grado que algunos, a manera de broma, dicen que por
$3 obtienen “viaje, masaje y agasaje”; pero hay quienes se toman muy enserio
esas palabras.
Era una tarde, cuando ella iba de regreso a
su casa, justamente en la hora pico. Entre tanta gente y tanto movimiento, un
sujeto se posó detrás suyo, y empezó a frotarse vigorosamente en aquel
suculento trasero. Muchas chicas se paralizan ante esas circunstancias, no así
ella, quien por el canto del ojo, al voltear ligeramente a su derecha, ubicó al
sujeto que la hostigaba, se movió ligeramente como pudo hacia su izquierda, y
con un movimiento rápido e intempestivo, atinó un puñetazo ascendente a la
nariz de aquel sujeto, quien solo se tomó la nariz la cual comenzó a sangrar
efusivamente, al tiempo que ella le gritaba agresivamente y los señores a su
alrededor sacaron a empellones al sujeto inmediatamente al abrirse las puertas
del convoy, al llegar a la siguiente estación.
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