martes, 10 de enero de 2012

El que busca, encuentra


Ella es una chica fresa, de poses y sonrisitas, más que inocentes tontas. La verdad es que no es muy bonita, su atractivo se traslada a su trasero, un muy bien formado trasero.
                   
Por la separación de sus papás, tuvo que cambiarse de casa, y diariamente la chavita fresa tenía que mezclarse con la pelusa de la línea 3 del metro, para ir a la universidad.

Las horas pico en el metro son como un sauna, la gente se hacina, a tal grado que algunos, a manera de broma, dicen que por $3 obtienen “viaje, masaje y agasaje”; pero hay quienes se toman muy enserio esas palabras.

Era una tarde, cuando ella iba de regreso a su casa, justamente en la hora pico. Entre tanta gente y tanto movimiento, un sujeto se posó detrás suyo, y empezó a frotarse vigorosamente en aquel suculento trasero. Muchas chicas se paralizan ante esas circunstancias, no así ella, quien por el canto del ojo, al voltear ligeramente a su derecha, ubicó al sujeto que la hostigaba, se movió ligeramente como pudo hacia su izquierda, y con un movimiento rápido e intempestivo, atinó un puñetazo ascendente a la nariz de aquel sujeto, quien solo se tomó la nariz la cual comenzó a sangrar efusivamente, al tiempo que ella le gritaba agresivamente y los señores a su alrededor sacaron a empellones al sujeto inmediatamente al abrirse las puertas del convoy, al llegar a la siguiente estación.

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